Audición
Tarde o temprano todos perdemos la capacidad de audición.

Una mejor audición aumenta la calidad de vida.

Las personas empezamos a perder audición a partir de los 20 años.

Se trata de un proceso natural llamado presbiacusia, que se hace más evidente a partir de los 50 años.

Para las personas con presbiacusia es complicado apreciar esta disminución porque -además de ser progresiva-, no es que no oigan bien, sino que han perdido el nivel de las frecuencias agudas.

De hecho, suelen afirmar que oyen pero no entienden lo que se les dice, por lo que tienen que pedir continuamente a sus interlocutores que les hablen más alto, sobre todo, cuando hay ruido de fondo.
 
Este deterioro del oído interno está muy relacionado con el paso del tiempo, pero puede haber otras causas que hagan a la persona más susceptible de padecerlo, como la genética, alguna enfermedad, o la exposición continua a ruidos de alta intensidad.

Para prevenir este problema y evitar otras complicaciones que pueden afectar a la calidad de vida y el estado anímico, es aconsejable hacerse revisiones anuales y ponerse en manos de un especialista lo antes posible.

¿Perdida de audición?
La mayor parte de los casos no se puede curar.

La pérdida de audición se suele tratar con audífonos.

La pérdida de audición se produce cuando el oído pierde la capacidad de conducir el sonido del oído externo, a través del oído medio al oído interno para alcanzar el cerebro, debido a un daño o deterioro.

Las causas más comunes de pérdida de audición son el envejecimiento y la exposición al ruido, aunque puede producirse pérdida de audición por alguna enfermedad, infección o consumo de medicamentos.

Puede ser hereditaria, o como resultado de daños físicos en los oídos o daños graves en la cabeza por traumatismos en caso de accidente.

Los tipos de pérdida de audición más comunes suelen clasificarse en pérdida de audición leve, moderada, severa y profunda.

La pérdida de audición puede tener diversas consecuencias. Las reacciones varían de un individuo a otro, pero la mayoría de las personas con discapacidad auditiva experimentan problemas sociales, psicológicos y físicos como consecuencia de la pérdida de audición.

La pérdida de audición no tratada es principalmente la que genera muchos de estos problemas. Entre las consecuencias psicológicas se incluyen desde la vergüenza y los problemas de concentración hasta la depresión y la baja autoestima. Las consecuencias físicas pueden variar desde dolores de cabeza y tensión muscular hasta estrés y aumento de la presión arterial. Asimismo, la pérdida de audición sin tratar provoca también consecuencias sociales como aislamiento y problemas de comunicación.

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